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Entrevista
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La reconstrucción de la esperanza y del hogar de Nancy Copete en Chocó: ‘Es muy duro cuando uno no se puede valer por sí mismo’
Un pelotón de samaritanos le construye su nueva casa, mientras dos fundaciones le entregarán prótesis tras perder sus piernas.
"Estaba viendo televisión con mi marido. Dije: '¡Roberto, está temblando!'. La casa cimbró", relata Nancy, reviviendo el segundo exacto en que la normalidad se vino abajo.
En medio del caos, quiso proteger a una joven procedente de Bahía Solano que había buscado techo en el hogar de la adulta mayor para dar a luz a una niña. "Yo le dije a ella: 'No se meta por ahí que algo le puede caer'", recuerda que alcanzó a advertir.
Pero el terreno y las paredes no resistieron. El sismo desprendió la estructura sobre la pendiente. “Me vino encima un pedazo de pared. Como la casa es una loma, me tiró en la loma”, cuenta. El impacto fue devastador.
Su esposo en medio de la polvareda y el colapso, no la veía y temió lo peor. Su lamento desgarrador quedó grabado en la memoria de Nancy: “'¡Ay, mi mujer se murió!'”. Desde el suelo, atrapada y herida, ella sacó fuerzas para responderle: “'¡No, Roberto, no estoy muerta, no lo estoy, pero no me puedo levantar!'”.
La emergencia en la zona era total y conseguir auxilio parecía una tarea imposible. “No había ni carro. Me montaron en una carretera y por coincidencia venía un taxi de un señor que conozco y me llevó al hospital”, narra sobre ese traslado milagroso que le salvó la vida.
Sin embargo, el daño en sus extremidades inferiores ya estaba hecho. “Me había caído un pedazo de concreto. Me cayó muy duro y como soy diabética no me sanaba”.
'Ay dije, ¿Dios y qué será mí?
Su condición médica de base complicó el panorama desde el primer momento. La batalla en el hospital se transformó en una dolorosa realidad cuando los médicos le comunicaron las decisiones quirúrgicas. “Muy duro cuando me dijeron que me iban a mochar mis pies. 'Ay', dije, '¿Dios y qué será de mí?'. Me mocharon una pierna y yo no sanaba. Me dijeron que me mochaban la otra. Mi hijo menor, Juanchito, de los dos que tengo, me decía: 'Mamá, no quiero que se la mochen'”.
El proceso de aceptación ha sido una de las pruebas más exigentes de su vida en estos casi tres meses desde el terremoto. “Muy duro cuando uno mismo no se puede valer, uno pasa mucho trabajo”, confiesa con total honestidad.
Incluso la readaptación a su propio cuerpo y el fenómeno del miembro fantasma la acompañan a diario de forma vívida: “A veces siento mis piernas con esas condenadas chanclas”, relata sobre esa sensación que desafía a la lógica médica. A pesar de todo, sonríe luego de secar sus lágrimas.
Doña Nancy es una adulta mayor de más de 60 años que asegura que nunca en su vida había sido testigo de tal furia de la tierra.
Mientras en Medellín, dentro de la Clínica Las Vegas, Nancy se encuentra superando el día a día tras habérsele retirado la sonda y el antibiótico, su familia traza planes urgentes para la etapa que viene.
La realidad del sistema de salud impone barreras altas, pues la EPS no cubre los insumos necesarios para sus complejas curaciones. Ante esto, Juanchito, quien se ha dedicado por completo a cuidarla en la clínica, asume la responsabilidad de buscar recursos hasta debajo de las piedras bajo una promesa inquebrantable: “Doy todo por mi mamá, por ella estoy aquí”.
En la distancia, su esposo Roberto contempla el panorama con admiración profunda hacia la mujer que siempre tuvo el instinto de advertir los peligros antes de que ocurrieran. Dispuesto a buscar el sustento diario y costear los tratamientos pendientes, Roberto alista su único medio de transporte, una moto, para salir a trabajar: “Mi mujer es una guerrera”, asegura con orgullo, definiéndola como una compañera valiente que no se deja vencer.
'¡Yo sé que voy a volver a caminar!'
Paralelamente, las fundaciones Daniela Álvarez y Santo Domingo agilizan los estudios para el diseño de sus prótesis. Ella se mantiene firme en su fe: "Mochita, mochita. ¡Gracias, Señor vivo! Yo sé que voy a volver a caminar, no sé cuándo".
A kilómetros de distancia se gesta otra batalla. Una de solidaridad pura. En Quibdó, el anuncio de que el suelo chocoano vuelve a abrirse, pero esta vez para excavar los cimientos de su nuevo hogar, ha movilizado a todo un pelotón de samaritanos.
La tragedia del 10 de agosto sembró dolor, pero la respuesta de quienes integran esta gran cruzada humanitaria ha levantado un despliegue de voluntades entre dos regiones separadas por más de 213 kilómetros y cinco horas de distancia: Sabaneta y la capital chocoana.
El liderazgo en Quibdó ha tenido un nombre propio: Danny Moreno, una odontóloga conocida con cariño como la Nena. Desde el primer día, Moreno coordinó esfuerzos con otras ayudas para canalizar materiales, recursos y apoyo moral para construirle una casa a Nancy Copete en un terreno seguro y no en la loma.
Convencida del impacto de la unión social, Moreno insiste con vehemencia en que las barreras se diluyen cuando existe un propósito común: “Todos juntos podemos alcanzar logros”, asegura la lideresa, repitiendo una consigna que hoy resuena con fuerza en cada rincón de la obra.
Ese puente de solidaridad se extendió hasta el departamento vecino de Antioquia, específicamente hacia el municipio de Sabaneta. Aunque una distancia de más de 210 kilómetros separa las montañas del Valle de Aburrá de la selva húmeda y las lomas de Quibdó, la empatía de los sabaneteños eliminó cualquier obstáculo de la geografía.
El concejal de Sabaneta Ángel Fabricio Henao asumió las banderas de la causa en el municipio antioqueño, encabezando masivas jornadas de recaudación. A través de actividades comunitarias, el cabildante movilizó a cientos de ciudadanos: “Se recogieron dineros en un bazar, gracias al apoyo de los sabaneteños”, detalló Henao, demostrando que una festividad y la solidaridad entre vecinos podían transformarse en ladrillos y cemento para el Chocó. Se calcula que solo en los materiales se recogieron más de 20 millones de pesos.
A este frente humanitario se unieron voces. El senador Santiago Montoya y el periodista Rafael Poveda sumaron su capacidad de gestión para asegurar que el caso de Nancy Copete no quede en el olvido.
Paralelamente, el concejal de Quibdó Luis Félix Valencia, conocido como Priscilianito, se vinculó movilizando donaciones y logística, asegurando que las herramientas necesarias lleguen al lote asignado donde hoy se levanta la edificación.
Los ingenieros Neiler Rentería y Graceliano Lagarejo asumieron el diseño estructural de la nueva vivienda, garantizando que la casa de doña Nancy cuente con las especificaciones sismorresistentes necesarias para blindar el futuro de la familia sobre el complejo suelo quibdoseño.
Para el equipo técnico, poner su profesión al servicio del tejido social supera cualquier retribución económica. “Es un placer aportar desde nuestro conocimiento a un proyecto que sabemos significa tanto para la familia de la señora Nancy Copete y para ella”, manifestó Lagarejo, mientras supervisaba las tareas.
Nancy Copete no piensa quedarse quieta. Su mirada está puesta en el futuro, en recuperar su autonomía y en trabajar de nuevo, como siempre lo ha hecho. “Salir adelante y que Dios me ayude. Tener un ranchito para tener algo, ponerme a vender algo. He hecho de todo por sacar a mis hijos adelante”.
'Extraño bailar y cantar'
Extraña la música, sus vallenatos favoritos, el baile y la efusividad que la definen, memorias que la transportan de vuelta a las dinámicas de su tierra: “Me gusta bailar y cantar con la voz de tarro, pero solo en la casa”, confiesa ya risueña, admitiendo que esos acordes populares siguen siendo su refugio alegre en su hogar, donde está su gata llamada Luna.
En la soledad de su recuperación, sus oraciones son constantes, pero ya no desde el miedo, sino desde la esperanza de un regreso triunfal a su Chocó del alma.
“Estoy pidiéndole a mi Dios que me ayude, que me dé ánimo. Cuando estoy sola pido mucho a mi Dios que me saque adelante. Me imagino que cuando vuelva a Quibdó, mi casa estará llena de gente”.
Hoy, Nancy es un símbolo vivo de resistencia y envía un mensaje contundente al país: “Que luchen, salgan adelante. Aquí estoy luchando con el poder de Dios”.